lunes, 31 de diciembre de 2012

Segundones paritarios


Ella y él, él o ella, da igual González que Botella. Malos eran los primeros espadas. Ahora va de copas y oros. Al menos de Madrid para adentro. En la calle, como siempre, pintan bastos. O bastonazos, que para el caso, ni caso. Las encuestas dicen que la policía ha perdido buena imagen. Ya no está tan bien valorada como antes. Lo cierto es que no se valora lo mismo. Antes eran fuerzas de seguridad del Estado. Ahora son fuerzas de orden público, al servicio de los bancos y las mayorías absolutas. Que no es lo mismo y por eso ya no da igual. 
La sanidad está que baila por las calles mientras que en las demás profesiones el baile va por dentro. Y como entre pillos esta el baile, baile que baile, mejor encomendarse a San Pascual Bailón, patrón de cocineros y pasteleros. Es lo propio por lo apropiado. Menudos pasteleos se han llevado y traído políticos y empresarios. Ahora que se acabo el pastel hemos pasado al claroscuro y la tinta china. Que es lo que sudamos para llegar a finales de mediados de mes. A los de la lista en Suiza y los paraísos fiscales también se las suda. Pero de otra manera. Calatrava (el "secuelas" de la ópera de Sidney) se pira con el dinero que los gobiernos valencianos echaron a la pira de las vanidades. Se respiraba corrupción por todos lados, pero Zaplana y Camps se van de rositas y presumiendo después de hacer sus cositas.  Las conversaciones dejan de ser graves si se graban sin permiso judicial, pero el contenido está grabado en la historia universal de la infamia. Todas estas listas están llenas de listos. Como el exministro griego que perdió la lista de defraudadores en la que estaba alistado. Por eso quien busque justicia está listo. Han puesto el listón muy alto. Tanto que les llaman paraísos fiscales.



jueves, 20 de diciembre de 2012

Alien Nación


Con el tiempo, es difícil reconocer a la persona que nos mira desde el fondo del espejo. Relataba Julio Cortazar que luego las palabras, como un engrudo pegajoso, logran reunir en uno la identidad sentida, la de siempre, con ese rostro ajeno. Y cada vez es más difícil, solo con palabras y razonamientos, integrar un alma de clase media con la imagen que reflejan los escaparates de los comercios cerrados o las cifras del desempleo. La sociedad española se mira y no se reconoce, pero aún cree que es la misma. Hasta cuándo dure la ficción es un misterio. Con regularidad de golondrina me llaman mis periodistas de cabecera con la misma pregunta: y esto, ¿cuándo estalla? Todos los modelos de discontinuidad tienen un punto de quiebre. Como en el caso de los animales amenazados. Pueden atacar, pero también pueden huir con la maleta hacia un adentro triste. Puede que la sociedad esté por estallar o puede que ya haya estallado. Una implosión social explicaría tanto suicidio, tanto banco de alimentos, tanto crecimiento de partidos antisistema dentro del sistema, tanta protesta sectorizada, tanto exilio, tanto médico a palos. Harán falta, sin embargo, muchas palabras para explicar una democracia donde a la Justicia, la Sanidad, la Educación, la Libertad de Expresión, y a un etcétera que lo es todo para todos, se llega pagando. Cartera mediante.
Y si ya no fuésemos una democracia, ¿cómo lo sabríamos entre elecciones? ¿Cómo saber si ya no somos cuando las leyes a medida y la policía, como un engrudo pegajoso, nos impide vernos desde fuera? Un Estado no se despierta de repente siendo un insecto, como le pasó a Gregor Samsa. Hay un periodo largo de larva. ¿Dónde pierde la democracia su nombre? ¿El trasero continua siendo espalda? Lo pienso viendo que los derechos civiles y políticos van de culo.


Mientras, Cataluña va a Mas. En el PP están aterrorizados de alegría. Con qué dolor deberían emplear la fuerza del Estado y todo el peso de la ley hecha y por hacer. Ya han demostrado lo cuidadosos que son enviando a las Fuerzas de Orden Público a pacificar protestas pacíficas. Duran está muy preocupado. Si en un pacto no reconoces rápidamente quien es el “primo”, es que tú lo eres. Y por más que ve y vuelve a ver Arthur y los Minimoys no lo encuentra. Todo esto es tan poco catalán y ya no tiene el cuerpo para “beatus ille”. Tendrá que buscar los fondos del asunto para llegar al fondo.

Pero lo cierto es que la Alicia que cruzó a través del espejo nunca debió ser ya la misma al otro lado. Como no lo era lo que encontró allí. Las clases medias españolas han cruzado el espejo pero aún no lo saben. Solo lo sienten. Las reglas del ajedrez político ya no se respetan; las leyes y normas son galimatías que deben ser leídas al revés para entenderse. Solamente leyendo las leyes reflejadas en el espejo se entiende la razón de la sin razón. No hay una realidad que deba ser regulada. Primero se hace la ley con toda la intención y después se usa la norma para poder abusar legalmente. Es el mismo esquema de mentira preventiva que les llevó al Gobierno. Primero se reforma la ley y después se despide con el manos libres. Primero se obliga a pagar tasas para recurrir y después se multa por protestar, por quejarse. ¿Vas de negro? Te dan un pésame de 600 euros. Que se cuide Juanes; la policía sabe que tiene una camisa negra. Lo cantó a los cuatro vientos y quizás está dispuesto a usarla. Igual recibe una multa preventiva. Todo es puro y duro control social. Primero hacen la ley, pero ya pensando en la trampa donde caerán los derechos y libertades. Y así se suma infamia tras infamia. Estas cosas con Franco pasaban y por eso la nueva temporada de Cuéntame la emiten como noticiario. Qué lejos, en pocos meses, el pasado de derechos y libertades. Ya es un espejismo; el sueño de un rey rojo. Ahora reinan los reyes blancos y me da que, Mas mediante, piensan en ir más allá si la ocasión lo permite.


Lo peor es la alienación política en esta democracia menguante. La alienación política nombra el distanciamiento y sentimiento de impotencia que experimentan los ciudadanos respecto a la política: mi voto no sirve para nada, los políticos no se preocupan de la gente como yo… Y alcanza sobre todo a los ex votantes de centro izquierda. De forma estadísticamente significativa, la alienación política es mucho mayor en la izquierda que en la derecha. Zapatero repartía valores con la izquierda mientras con la derecha les guardaba la cartera a la derecha. La derecha sí se ve reflejada, de siempre, en el fondo de las políticas de sus políticos. Por eso el eterno retorno a los privilegios de la iglesia, la “madre mujer”, la igualdad prepago, la enésima reforma educativa, el “noli me tangere” de los empresarios, la solidaridad “pro domo sua” o la libertad de irse y no volver de tantos jóvenes españoles. 


Los toritos de derecha se crecen, y cómo se crecen, con las mayorías absolutas. El mundo se vuelve de color de rosa cuando ya no tienes una vergüenza que guardar. El rostro duro y terrible de la derecha nos recuerda que la transición no ha terminado. Nunca llegará a buen fin. No lo permitirán. Para eso ganaron una guerra y el premio de una dictadura. Y “algo tendrá el dinero cuando lo bendicen”. Para qué darle más vueltas, la jerarquía católica y la democracia son como acido y agua. Solamente admiten un orden. De lo contario son corrosivos. Está en su naturaleza. Y ahora estamos perdiendo la democracia en su fondo y en las formas. Puede que entre ese hacer sin pensar y pensar qué hacer, ni Rajoy comprenda de qué plan es instrumento él y su política. ¿Sabrá Rajoy a quién sirve o solamente lo lee Soraya y sonríe? 


Felipe González habla de ir al centro a buscar votantes. Y acierta de pleno: allí están todos manifestándose y protestando. A pie de calle. Por supuesto, el PSOE no debe perder la vocación de mayoría. Ya es hora que alcance la mayoría de edad y se emancipe. Tener de ideólogo a un presunto diseñador de joyas del barrio de Salamanca es un poco así, así. Así andamos de alienados. Aznar se pasea con sus memorias I. Todo en él burbujea y explica que a las cabañas bajó y a los palacios subió y en todas partes dejó… Entre este fenómeno, las cornadas de Wert en versión Familia Adams, el te recuerdo como eras en el último otoño de Rajoy y su misterioso Gobierno salido de la noche de los tiempos, dónde las nuevas generaciones parecen bisabuelos, entre todos, nos hacen sentir como Gómez de la Serna. Dicen que murió en el exilio pensando que, visto lo visto, era un extraterrestre. Lo cierto es que era un autentico y genuino alienado político, hijo de una época alienada. ¿Se siente usted un humano extraterrestre? Si la respuesta es sí y además es demócrata, entonces estése tranquilo: está en el lado correcto de la historia. Por ahora.